De un tiempo a esta parte, se forjó la idea de que el gobierno que inició su mandato en 2003 construyó de a poco una "grieta" que se profundizó desde 2011 cuando quisieron ir por todo.
"Grieta". Una metáfora básica para indicar la separación irremediable entre
los argentinos que adhieren al gobierno, y el resto de la gente.
Dos argentinas irreconciliables que no pueden dialogar ni entenderse. Pero
este método de generar una separación dramática y drástica en la sociedad
argentina, no es nuevo.
Simplemente, es una "remake" de lo que se hizo a partir de 1945. ¿Alguien
puede desconocer cómo se fracturó la sociedad argentina con el advenimiento del
peronismo?
"Esto ya lo viví" dicen los octogenarios memoriosos...
Una Argentina mira los resultados, sin importarle las formas, el método o
-incluso- el nivel de legalidad de la acción. "Lo importante son los
resultados", dicen.
Es casi como decir "el fin justifica los medios". "Roban pero hacen" fue la
frase magistral que sintetizó esta manera de entender la ¿democracia?
A la otra Argentina, formada y forjada con otros valores le resulta
absolutamente imprescindible que los actos de gobierno se desarrollen dentro del
carril institucional y sus leyes, evitando todo posible desvío.
Sin forzar las instituciones. Sin trampas. Sin engaños. Sin hostigar a los
otros poderes. Sin extorsiones.
¿Alguien puede suponer que se logre un entendimiento entre la Argentina que
no le importa la transparencia y la sujeción a las normas, con la otra
Argentina, que lo considera esencial e imprescindible?
Si no desaparece la mitad anómica, Argentina seguirá a los tumbos,
arrumbada y olvidada en un rincón del mundo. Como ahora.
Publicación original: Junio 30, 2015
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