Dice la Real Academia de la Lengua. Del latín “odium”:
Antipatía
y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.
“Cuyo mal se desea”
“Cuyo mal se desea”
¿Me odiás por el hecho de ser judío? Estás enfermo.
¿Tu odio aumenta y se desquicia cuando Israel se defiende de 4300 cohetes
islamistas? Estás enfermo.
¿Tu odio es propio, aprendido, te lo inocularon, es familiar o porque ahora
es “cool” ser anti israelí o antisionista, que son formas disfrazadas de tu
antisemitismo? Estás enfermo.
¿Tu odio es ideológico? ¿Sos parte del islamo-progresismo? ¿Adherís a esa
parte del progresismo que abandonó las tradicionales consignas libertarias?
Estás enfermo.
¿Tu odio pertenece a ese progresismo traidor, que se sumó a las consignas de género, el wokismo, reivindica las dictaduras sangrientas y las teocracias islamistas? Estás enfermo.
¿Tu odio se debe a tu pertenencia ideológica al fascismo o al nazismo?
Estás enfermo. Demasiado enfermo.
¿Tu odio proviene de que contaron o leíste todos esos libelos de los
Protocolos, del pan ázimo cocido con sangre de niños cristianos? Estás enfermo.
¿Tu odio proviene de una envidia patológica ante la presencia deslumbrante
de los judíos en la ciencia, tecnología, cultura, arte, innovación... siendo que
apenas somos el 0,2 por ciento de la población mundial? Estas enfermo.
Ninguno de todos ustedes, antisemitas de diferente origen y pelaje van a
lograr nada.
Quédense con su odio que los va a enfermar y consumir lenta, pero inexorablemente.
Quédense con su odio que los va a enfermar y consumir lenta, pero inexorablemente.
Odiar, es morirse de a poco cada día.
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